Dechados de virtud. Bordados y deshilados, siglos XVII al XX

Exposición temporal presentada en el Museo Franz Mayer. Se trata de una muestra que reúne cerca de 70 dechados de distintas colección. Proyecto desarrollado en colaboración con el Museo Textil de Oaxaca, Museo de Historia Mexicana y el  Museo San Ignacio de Loyola Vizcaínas. En esta ocasión la curaduría correió a cargo del Franz Myaer y del Centro de Estudios de Arte Popular Ruth D. Lechuga.

Fechas: 26 de mayo – 24 de julio, 2016

Sede: Temporales 3, Museo Franz Mayer

invitación

El dechado en el México moderno

A partir de los últimos años del siglo XIX, los materiales sintéticos y los pigmentos de anilinas se tornaron en el común denominador de los dechados. Los delicados abecedarios en seda de la etapa anterior cedieron la hegemonía a las puntadas en brillante hilo de estambre en punto de cruz sobre soporte de cañamazo. Las razones de este cambio radican en el veloz desarrollo tecnológico, en la necesidad práctica de la educación, en la apuesta por optimizar el proceso de enseñanza y aprendizaje, así como la cada vez mayor importancia que fueron adquiriendo otro tipo de habilidades.

Fue común la elaboración de abecedarios en gran formato, con ellos se cubrieron las superficies de lienzos en los que también se recogieron motivos ornamentales que se ven repetidos en carpetas, manteles, pañuelos, camisas, camisones, ropa interior y demás textiles. Continuó la presencia de flores y motivos religiosos resultado de un imaginario que hacia mediados del siglo XIX, de la mano del Romanticismo,  se consolidó como un síntoma de “lo femenino” o del  llamado “el bello sexo”; en este sentido fue fundamental la influencia de los patrones de bordado que, debido a su comercio y uso a gran escala, perfilaron muchas de las tendencias y modas.

La creación de este tipo de impresos es consecuencia de la popularidad de la práctica de labores textiles, así como de la demanda de ciertos motivos de moda, algunos de los cuales ya contaban con siglos de tradición.

El Romanticismo en México destacó a la mujer como la protagonista del hogar. Se enfatizaron los valores que exaltaron el recogimiento en casa —espacio que se convirtió tanto en el contexto ideal para lo que se consideraba debía caracterizar la buena educación de las damas como en espejo de sus virtudes, muchas de ellas traducidas al dominio de las “artes mujeriles”. Así, a la par que algunas piezas realizadas en colegios o escuelas amigas que tendieron a simplificar sus procesos, al interior del hogar se instó a exaltar este tipo de prácticas, como fue el caso del llamado bordado de lo fino. El recogimiento derivó en el ejercicio de tareas domésticas que, en los mejores casos, se acompañaron por el aprendizaje y práctica de la lectura, escritura, cuentas y música; sentando las bases para el desarrollo de una cultura femenina específica a partir del cultivo del intimismo y la privacidad.

Dechados Indígenas

Los dechados indígenas sirven para practicar, enseñar y recordar técnicas y diseños cuya peculiaridad es que retoman las características formales que distinguen a cada comunidad. Este tipo de dechados revela la repetición de las formas estilizadas de flores y animales, así como de representaciones geométricas; tienden a uso de colores crudos con los que se configuran motivos muy específicos que distinguen los referentes visuales de la comunidad a la que corresponden. Estas piezas evidencian un importante intercambio iconográfico y metodológico entre las comunidades indígenas y tradiciones occidentales de origen tardo-medieval. Así mismo, también ponen de manifiesto los referentes culturales que dan forma a la identidad de sus autores y a su relación simbólica con la naturaleza y con sus creencias.  Algunos de los dechados creados fuera del contexto de las comunidades indígenas muestran una clara influencia de la iconografía de tales comunidades, la cual fue adoptada y reinterpretada, permitiendo reconocer que el intercambio iconográfico ocurrió en ambos sentidos.

Tipos de dechados

Entre otras estrategias, los dechados pueden clasificarse de acuerdo con su intención, revelada a través de sus formas. Los realizados en México, ya entrado el siglo XIX y a partir de entonces, demuestran una gran variedad en este sentido, permitiéndonos realizar un ejercicio de análisis y catalogación que retoma las propuestas en esta materia, desarrolladas por la investigadora española Maravillas Segura Lacomba, considerando para ello el caso español.  Con esa base, en este proyecto los dechados fueron clasificados como de prácticas, por revelar el proceso de práctica y aprendizaje de cierta técnica o diseño específico;  muestrarios, cuando privilegia el acopio de diferentes tipos de imágenes, diseños ornamentales y puntadas; marcadores, considerando aquellos casos que reúnen abecedarios, números y ejemplos de remates que servían para personalizar prendas y ropa blanca;  y, finalmente, los dechados magistrales, obras que superaban todos los casos anteriores al ser el resultado de una mano experta en este tipo de tareas, generalmente, estos dechados suelen lucir el nombre de su autora y dan cuenta de que su principal función fue el ser apreciados por la mirada de sus dueñas y de sus familiares, probablemente a manera de presea de un hogar.  Acerca de estas categorías, es necesario mencionar que no se trata de ámbitos cerrados, con divisiones tajantes, ya que, en muchos casos, parece que los dechados satisfacen los requisitos de más de una de ellas.

La selección que aquí mostramos destaca el caso de los dechados magistrales y muestrarios, se trata de algunos de los ejemplos que más empeño revelan en cuanto a la depuración de sus técnicas, a la definición de  casos que más empeño revelan en cuanto a la depuración de técnica y en la selección de sus motivos y formas. Todas estas obras fueron creadas por niñas y jóvenes que no sólo contaban con gran experiencia y habilidad en la materia, sino que, según revelan sus piezas, gozaban al realizar este tipo de obras, tanto que sus propuestas no sólo resultan perfectas, sino que trascienden la repetición y copia de patrones para caer en el ámbito de la inventiva.

Refranes y motivos tradicionales

Los dechados fueron realizados en contextos con características diversas. La revisión de su historia y su evidencia material apunta a que su configuración más tradicional  resultó de la importación de una  práctica antigua en Europa occidental. En México, fueron realizados en el seno de los hogares, en las salas de labores de conventos, escuelas y colegios, por niñas y jóvenes con distintas tradiciones y panoramas de vida; son evidencia de que, aún en lo más reservado de los hogares ocurrió un intercambio de ideas e imágenes cuya concreción resultó en estas obras. En este grupo se pueden constatar una serie de intercambios que propiciaron que obras realizadas por autoras distintas y con variantes geográfico temporales, coincidieran en formas, diseños e ideas. De estas obras destacamos la imagen de un ciervo del que en cada dechado se realiza una reinterpretación distinta que conserva rasgos comunes. También es reveladora la presencia de símbolos de tipo amoroso y que remiten a frases románticas que llegarán a definir toda una tendencia en los dechados, o bien, imágenes que ya figuraban en las obras de la primera época como la del simio con sombrero y que se ha identificado con el aún conocido refrán: aunque  la mona se vista de seda, mona se queda.

El ámbito del hogar

En el siglo XVIII se consideraba a las labores mujeriles, junto con el gobierno doméstico, como las prendas características de las mujeres. Se propiciaba su aprendizaje desde la niñez al tenerse como parte básica de la educación de las damas. Su trabajo se destinaba al tiempo libre, teniéndosele como una buena alternativa a las visitas, fiestas o paseos.

Desde aquella época se contrastaban dos aspectos de su práctica: por un lado, se revisaba el sentido mecánico que suponía su ejecución al resumir el aprendizaje de ciertos ejercicios de repetición, y por el otro, se enfatizaba su “primor o inventiva” que hacían estimables sus resultados. A partir de ejemplos como la propia reina Isabel la Católica, se argumentó que estas labores eran propias de las mujeres, sin importar su procedencia u ocupación, pues resultaban en un beneficio para la ejecutante por ser un buen empleo de su tiempo; también se apreciaba que la señora del hogar incentivaría a sus empleadas e hijas a practicar estas tareas, supervisándolas y corrigiéndolas de ser necesario; finalmente, se pensaba que la sociedad en general apreciarían estas habilidades por convertir a su practicante en buen ejemplo de su género.

El dechado durante el Siglo XIX

La gran mayoría de los dechados que sobreviven dentro de las colecciones de museos corresponden al siglo XIX. Durante esta época y como resultado de las disposiciones que se establecieron en la materia, los dechados se consolidaron como un elemento tradicional, común entre los lugares de enseñanza e instrucción de mujeres. Resultado de ello es que en este momento se apuntaló el dechado en tanto una práctica estandarizada en mayor o menor medida. Es así que en el siglo XIX se crearon dechados que resultaron de ejercicios de repetición con afán de aprendizaje y perfeccionamiento; se realizaron en colegios, escuelas, así como en algunos conventos, por lo menos hasta la época de la exclaustración, además de al interior del hogar o en casas de instrucción.

El siglo XIX también trajo consigo la declaración de libre comercio que —a diferencia de la época virreinal cuando el ingreso de mercancías era limitado y vigilado— posibilitó la importación de nuevas tendencias, materiales, diseños y técnicas; destacando el papel de los patrones que solían publicarse en ediciones periódicas, impresos publicitarios o dentro de libros relacionados con el tema. Las posibilidades eran varias y las imágenes muestra presentaban diversas variaciones en cuanto a su complejidad, calidad de impresión y detalle. Incluso podían ser o no acompañadas por un diseño reticular que facilitaba el trabajo.

Nuevos motivos aparecieron en los dechados y pasaron a formar parte de sus repertorios más tradicionales. En este sentido destacan los motivos nacionalistas: figuras de inspiración indígena como lo fue un venadito que recuerda a la tradición huichol. También se incorporaron imágenes de inspiración francesa e inglesa; se popularizaron los muestrarios con números, abecedarios y frases sentimentales. Además, dentro de esta centuria, fue sintomática la introducción de nuevos materiales que se sumaron a los preciados y escasos ejemplos en lino o seda que sobrevivieron de la época anterior. A partir de 1860 despuntó el trabajo con chaquira como resultado de su producción a nivel industrial.

El ámbito escolar que enmarcó la creación de dechados derivó en la presencia constante del nombre de la autora o alumna, del de su maestra, la fecha de terminación y el lugar de ejecución. A este periodo corresponden varias piezas que enfatizan su función como muestra para el uso de sus dueñas. Probablemente durante esta época fue cuando más popularidad cobró tal ejercicio, resultado de ello sobreviven numerosos ejemplos en colecciones particulares; algunos dechados se enmarcaron y pasaron a enriquecer los muros de las casas de sus dueños o de los seres queridos de sus autoras; otros más fueron regalados a visitas, amistades o familiares queridos y en ocasiones lejanos. Así mismo, también se sabe que otros más de esta época fueron dados a personas que los llevaron consigo a otros países, derivando en la conformación de colecciones destacadas alrededor del mundo. Tal es el caso de las colecciones de dechados mexicanos decimonónicos que se resguardan en Montreal, Estados Unidos y Europa pero, sobre todo, destacando la colección existente en Inglaterra.