El dechado en el México moderno

A partir de los últimos años del siglo XIX, los materiales sintéticos y los pigmentos de anilinas se tornaron en el común denominador de los dechados. Los delicados abecedarios en seda de la etapa anterior cedieron la hegemonía a las puntadas en brillante hilo de estambre en punto de cruz sobre soporte de cañamazo. Las razones de este cambio radican en el veloz desarrollo tecnológico, en la necesidad práctica de la educación, en la apuesta por optimizar el proceso de enseñanza y aprendizaje, así como la cada vez mayor importancia que fueron adquiriendo otro tipo de habilidades.

Fue común la elaboración de abecedarios en gran formato, con ellos se cubrieron las superficies de lienzos en los que también se recogieron motivos ornamentales que se ven repetidos en carpetas, manteles, pañuelos, camisas, camisones, ropa interior y demás textiles. Continuó la presencia de flores y motivos religiosos resultado de un imaginario que hacia mediados del siglo XIX, de la mano del Romanticismo,  se consolidó como un síntoma de “lo femenino” o del  llamado “el bello sexo”; en este sentido fue fundamental la influencia de los patrones de bordado que, debido a su comercio y uso a gran escala, perfilaron muchas de las tendencias y modas.

La creación de este tipo de impresos es consecuencia de la popularidad de la práctica de labores textiles, así como de la demanda de ciertos motivos de moda, algunos de los cuales ya contaban con siglos de tradición.

El Romanticismo en México destacó a la mujer como la protagonista del hogar. Se enfatizaron los valores que exaltaron el recogimiento en casa —espacio que se convirtió tanto en el contexto ideal para lo que se consideraba debía caracterizar la buena educación de las damas como en espejo de sus virtudes, muchas de ellas traducidas al dominio de las “artes mujeriles”. Así, a la par que algunas piezas realizadas en colegios o escuelas amigas que tendieron a simplificar sus procesos, al interior del hogar se instó a exaltar este tipo de prácticas, como fue el caso del llamado bordado de lo fino. El recogimiento derivó en el ejercicio de tareas domésticas que, en los mejores casos, se acompañaron por el aprendizaje y práctica de la lectura, escritura, cuentas y música; sentando las bases para el desarrollo de una cultura femenina específica a partir del cultivo del intimismo y la privacidad.

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