El dechado durante el Siglo XIX

La gran mayoría de los dechados que sobreviven dentro de las colecciones de museos corresponden al siglo XIX. Durante esta época y como resultado de las disposiciones que se establecieron en la materia, los dechados se consolidaron como un elemento tradicional, común entre los lugares de enseñanza e instrucción de mujeres. Resultado de ello es que en este momento se apuntaló el dechado en tanto una práctica estandarizada en mayor o menor medida. Es así que en el siglo XIX se crearon dechados que resultaron de ejercicios de repetición con afán de aprendizaje y perfeccionamiento; se realizaron en colegios, escuelas, así como en algunos conventos, por lo menos hasta la época de la exclaustración, además de al interior del hogar o en casas de instrucción.

El siglo XIX también trajo consigo la declaración de libre comercio que —a diferencia de la época virreinal cuando el ingreso de mercancías era limitado y vigilado— posibilitó la importación de nuevas tendencias, materiales, diseños y técnicas; destacando el papel de los patrones que solían publicarse en ediciones periódicas, impresos publicitarios o dentro de libros relacionados con el tema. Las posibilidades eran varias y las imágenes muestra presentaban diversas variaciones en cuanto a su complejidad, calidad de impresión y detalle. Incluso podían ser o no acompañadas por un diseño reticular que facilitaba el trabajo.

Nuevos motivos aparecieron en los dechados y pasaron a formar parte de sus repertorios más tradicionales. En este sentido destacan los motivos nacionalistas: figuras de inspiración indígena como lo fue un venadito que recuerda a la tradición huichol. También se incorporaron imágenes de inspiración francesa e inglesa; se popularizaron los muestrarios con números, abecedarios y frases sentimentales. Además, dentro de esta centuria, fue sintomática la introducción de nuevos materiales que se sumaron a los preciados y escasos ejemplos en lino o seda que sobrevivieron de la época anterior. A partir de 1860 despuntó el trabajo con chaquira como resultado de su producción a nivel industrial.

El ámbito escolar que enmarcó la creación de dechados derivó en la presencia constante del nombre de la autora o alumna, del de su maestra, la fecha de terminación y el lugar de ejecución. A este periodo corresponden varias piezas que enfatizan su función como muestra para el uso de sus dueñas. Probablemente durante esta época fue cuando más popularidad cobró tal ejercicio, resultado de ello sobreviven numerosos ejemplos en colecciones particulares; algunos dechados se enmarcaron y pasaron a enriquecer los muros de las casas de sus dueños o de los seres queridos de sus autoras; otros más fueron regalados a visitas, amistades o familiares queridos y en ocasiones lejanos. Así mismo, también se sabe que otros más de esta época fueron dados a personas que los llevaron consigo a otros países, derivando en la conformación de colecciones destacadas alrededor del mundo. Tal es el caso de las colecciones de dechados mexicanos decimonónicos que se resguardan en Montreal, Estados Unidos y Europa pero, sobre todo, destacando la colección existente en Inglaterra.

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