Orígenes del dechado en México

En el virreinato de la Nueva España se propició el aprendizaje y la práctica de las llamadas labores de manos o labores mujeriles, continuando así con una tradición que se concretó por lo menos durante la Edad Media tardía. Este tipo de trabajos correspondieron a prácticas manuales como las realizadas a partir del empleo de hilos y agujas, tareas señaladas por algunos libros y revistas de la época como decentes, honestas o delicadas, perfectas para el ejercicio femenino. Dentro de este panorama es que se emplaza la creación de dechados, piezas cuyo origen, en el caso de México, puede rastrearse hasta el periodo virreinal, a pesar de la imposibilidad de señalar una fecha exacta.

Entre las menciones que pormenorizan los antecedentes del tema, destaca el caso de la crónica Historia de los indios de la Nueva España (1541), escrita por el fraile franciscano Toribio de Benavente “Motolinía”. En ella se menciona que Isabel de Portugal, entonces reina consorte del rey Carlos I de España, dictó que un grupo de “mujeres devotas españolas” se establecieran en el virreinato para instruir a las niñas indias. El objetivo era que las aleccionaran para que pudieran “ser casadas”, destacando el coser, labrar y bordar como prácticas paralelas al aprendizaje de la doctrina cristiana.

Es importante recordar que hacia mediados del siglo XVII la palabra “dechado” comienza a figurar como un término de mención constante. Generalmente su función fue metafórica y sirvió para señalar a personajes dignos de reconocerse como ejemplo de virtudes y modelos de perfección, destacando el caso de la Virgen María y de Cristo. Un precedente de la revisión del vocablo es el Tesoro de la lengua castellana o española (1611) por Sebastián Covarrubias, el primer diccionario en su tipo;  en dicha publicación, el vocablo es definido como un ejemplo y se le relaciona directamente con las labores textiles, refiriendo su variante metafórica a las personas cuya virtud las hace dignas de imitación.

Por otro lado, desde la segunda mitad del siglo XVII, en la Nueva España también existieron  imágenes en las que figuran escenas de mujeres dedicadas a las labores en hilo y aguja, entre ellas los dechados. Destacan el caso de imágenes de emblemas morales y de las relacionadas con la vida de la Virgen.

Los dechados mexicanos más antiguos que se conocen datan de 1784, sin embargo, en vista de lo ya mencionado, no es descabellado pensar que el origen de su práctica es anterior. Estas piezas son similares a sus contemporáneas españolas en cuanto a composición y formato, distinguiéndose  por las formas y motivos que recogen: mientras que las piezas españolas de este periodo se caracterizan por la presencia de diseños geométricos de repetición por franjas o tareas, las piezas mexicanas añaden motivos vegetales, animales y personajes trazados a partir del delineado de sus formas. En cuanto a los materiales, es común la presencia de soportes de lino e hilos de seda, asimismo —aunque en menor medida—  se conocen ejemplos trabajados con hilos metálicos y de algodón.

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